Citas mujer maltratada

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RETORNO AL GÉNERO: EL POSTMODERNISMO Y LA TEORÍA LESBIANA Y GAY Sheila Jeffreys/ La herejía lesbiana 1993

2019.10.22 02:05 RadfemXX__ RETORNO AL GÉNERO: EL POSTMODERNISMO Y LA TEORÍA LESBIANA Y GAY Sheila Jeffreys/ La herejía lesbiana 1993

En los años 80 se produjo un repentino entusiasmo por la obra de los Maestros del postmodernismo -Lacan, Foucault y Derrida- seguido de su incorporación a la teoría feminista. Algunas críticas feministas han señalado que este hecho causó cierta despolitización del feminismo. En el campo de la teoría lesbiana y gay la obra de las grandes figuras masculinas del postmodernismo, así como la de otros teóricos inspirados por ellos, ha sido acogida con más entusiasmo aún. No debe sorprender que la llamada teoría lesbiana-y-gay, a saber, aquella que homogeneiza a lesbianas y varones gays, resulte tan atractiva a los ojos de estos últimos. Todo lo que remita de forma demasiado explícita al feminismo es contemplado con suspicacia. En el momento actual el proyecto de elaborar una teoría lesbiana independiente aparece como una empresa extravagantemente separatista. las estrellas de la nueva teoría lesbiana-y-gay, Judith Butler y Diana Fuss, son ambas mujeres, aunque se dedican a reciclar un feminismo fundamentado en los Maestros postmodernos -en su mayoría gays- que no hiera la sensibilidad de los gays. No es una empresa fácil. ¿Cómo lograr, pongamos por ejemplo, que el fenómeno del travestismo se considere no ya aceptable sino revolucionario en la teoría lesbiana y gay., cuando ha sido un tema sumamente controvertido para la teoría feminista desde que las lesbianas se distanciaron del movimiento de liberación gay? Sólo se logra con un retorno al género, con la invención de una versión inofensiva del género, con la que las lesbianas y los gays podrán jugar eternamente y ser revolucionarios al mismo tiempo.
La versión del género introducida por la teoría lesbiana y gay es muy distinta del concepto de género de las teóricas feministas. Se trata de un género despolitizado, aséptico y de difícil asociación con la violencia sexual, la desigualdad económica y las víctimas mortales de abortos clandestinos. Quienes se consideran muy alejadas de los escabrosos detalles de la opresión de las mujeres han redescubierto el género como juego. Lo cual tiene una buena acogida en el mundo de la teoría lesbiana y gay porque presenta el feminismo como diversión, y no como un reto irritante. Un análisis preliminar de quiénes son estas nuevas portavoces de la teoría lesbiana y gay nos puede ayudar a comprender la elección de esta política en concreto. Mientras que las feministas destacas de los 70 solían tener una formación profesional en ciencias políticas, historia, y sociología, esta nueva variante procede de los estudios literarios y culturales, así como de los estudios fílmicos. Tomemos como ejemplo el libro compilado por Diana Fuss , Inside/Out. Lesbian Theories, Gay Theories. Judith Butler ejerce la docencia en un Centro de Humanidades y, por consiguiente, no pertenece necesariamente al campo de la crítica cultural. Las dieciocho autoras restantes proceden del campo de la literatura, los medios de comunicación, los estudios fílmicos, la fotografía y la historia del arte. No hay razón por la que una crítica del arte no pueda realizar una aportación valiosa al desarrollo de la teoría política; sin embargo, tal vez sea un signo preocupante que todo lo que la nueva generación de alumnas y profesoras lesbianas y alumnos y profesores gays denominan "teoría" proceda del mundo de las artes y no de las ciencias sociales. Tal vez así se explique el hecho de que en esta nueva teoría no haya lugar para el anticuado tema de las auténticas relaciones de poder, ni tampoco para la economía o para una forma de poder que no anda simplemente jugueteando, sino que se encuentra en manos de clases y elites determinadas. la teoría postmoderna otorgó un lugar preeminente al lenguaje dentro de lo político: la palabra se tornó realidad, el crítico cultural se convirtió en activista político, blandiendo la pluma mientras el ama de casa maltratada por su marido por olvidar una telaraña en un rincón se vuelve extrañamente invisible.
Fijémonos ahora en las autoridades que cita la nueva teoría lesbiana y gay. En las notas de su introducción, Diana Fuss cita a Judith Butler, a Lacan, en varias ocasiones a Derrida, a Foucault y a nueve varones y dos mujeres más. Lo cual resulta verdaderamente sorprendente, teniendo en cuenta el importante corpus de teoría feminista lesbiana original que podría servir de fuente de inspiración; pero estas obras no existen para la nueva teoría lebiana y gay. No hay referencias a Mary Daly, Audre Lorde, Janice Reymond, Julia Penelope, Sarah Hoagland o Charlotte Bunch. Estas separatistas del pensamiento que plantean una teoría lesbiana donde los varones gays tienen una difícil cabida, han desaparecido.En la raíz del problema de género en la nueva teoría lesbiana y gay se halla la idea del predominio del lenguaje y de las oposiciones binarias que procede de lacan y de Derrida. El lenguaje adquiere una importancia sin par. Mientras que otras feministas consideran el lenguaje un factor importante, en medio del panorama de otras fuerzas opresoras que perpetúan la opresión de las mujeres -las restricciones económicas, la violencia de los varones, la institución de la heterosexualidad-, para las nuevas abogadas postmodernas de la teoría lesbiana y gay el lenguaje se convierte en un asunto primordial El lenguaje actúa a través de la construcción de falsas oposiciones binarias que controlan misteriosamente la manera de pensar y, por consiguiente, de actuar, de las personas. Una de estas parejas binarias -masculino/femenino- es la más crucial para la opresión de las mujeres así como de las lesbianas y de los gays. La feminista postmoderna excluye a los varones del análisis. El poder se convierte, en sentido foucaultiano, en algo que navega por ahí en perpetua reconstitución, sin cometido real y sin conexión alguna con las personas reales. Por consiguiente, Judith Butler adscribe el poder a ciertos "regímenes", afirmando que "los regímenes de poder del heterosexismo y del falogocentrismo persiguen su propio crecimiento por medio de una constante repetición de su propia lógica..." En otro lugar antropomorfiza la heterosexualidad:
El hecho de que la heterosexualidad esté en un continuo proceso de autointerpretación es prueba de que se encuentra en peligro constante: "sabe" de su posibilidad de desaparecer.
¡Una heterosexualidad con tesis doctoral! Un análisis feminista normalmente preguntaría en interés de quién o de qué se constituyen y operan estos regímenes; la pregunta por su finalidad no parecería estar fuera de lugar. Entonces volverían a aparecer los varones.
El concepto de género que utiliza Butler se encuentra igualmente alejado de todo contexto respecto de las relaciones de poder
El género de la repetida estilización del cuerpo, una serie de actos repetido dentro de un marco regulador altamente rígido que a lo largo del tiempo cristalizan, dando la apariencia de una sustancia o de una existencia natural.
En otro lugar afirma que "el género es una forma de travestimo (drag). De esta forma el género viene a significar una manera de sostener el cuerpo, un atuendo, una apariencia, y no resulta sorprendente la conclusión de Butler de que todas las formas de intercambio genérico, como el travestismo y los juegos de roles de las lesbianas, son actos revolucionarios. No queda claro dónde encaja en este entramado la vulgar y verdadera opresión de las mujeres. Si un varón cruel maltrata a la mujer con la que vive, ¿es porque ella ha adoptado el género femenino en su apariencia externa? ¿Su pondría una solución para ella adoptar durante un día el género masculino paseándose vestida con una camisa de trabajo o zahones de cuero? cuando el género se convierte en idea o en apariencia, la opresión de las mujeres efectivamente desaparece. Algunas teóricas feministas radicales han resaltado que la idea de género tiende a ocultar las relaciones de poder del sistema de supremacía masculina. El concepto de género ha gozado siempre de la mayor aceptación entre las teóricas feministas liberales y socialistas y, más recientemente, entre las postmodernas.Cuando en el pasado las teóricas feministas de cualquier ideología política se referían al género, siempre lo entendían como algo que puede ser superado o sobreseído. Tanto las feministas heterosexuales como las lesbianas se han sentido insultadas cuando les llamaban femeninas o masculina.s Se consideraban -y muchas así lo siguen haciendo- objetoras de conciencia del género y no querían ningún trato con éste, resistiéndose a representar ninguno de ellos. Algunas eligieron la vía de la androginia; sin embargo, las teóricas feministas radicales han apuntado las limitaciones de esta aproximación. la idea de la androginia se apoya en la perpetuación e los conceptos de masculino y femenino: es una supuesta combinación de las características de ambos y, por consiguiente, los reifica antes que abandonarlos. durante más de veinte años las feministas y feministas lesbianas han tratado de rebatir el género negándose a actuar de acuerdo con sus reglas; en la actualidad algunas feministas postmodernas han calificado este proyecto no sólo de mal planteado sino, además de imposible de alcanzar. Dentro de la teoría feminista, Butler denomina movimiento "pro-sexualidad" a aquel que mantiene que la sexualidad "se construye siempre en términos del discurso y del poder, entendiendo parcialmente el poder como ciertas convenciones culturales heterosexuales y fálicas". Corrobora esta definición y afirma que resulta imposible construir una sexualidad en los márgenes de estas convenciones:
Si la sexualidad es una construcción cultural dentro de las relaciones de poder existentes, el postulado de una sexualidad normativa "antes", "en los márgenes" o más allá" del poder representa una imposibilidad cultural y un sueño políticamente inviable que demora la misión concreta y actual de repensar todas las posibilidades subversivas, para la sexualidad y para la identidad, dentro de los propios términos del poder.
El feminismo en su acepción habitual ha sido declarado imposible. La teoría postmoderna se utiliza para apoyar el proyecto libertario sexual y, más concretamente, el sadomasoquista.
La mayoría de las feministas de los setenta y de los ochenta probablemente se habrán encontrado luchando en favor de la eliminación del género y de la sexualidad falocéntrica. Hemos tratado de crear algo nuevo y distinto. Ahora descubrimos que perseguíamos un imposible. Mis jóvenes alumnas lesbianas me dicen. "No hay duda de que el género está presente en las relaciones". No son conscientes de que con este comentario ofensivo invalidan veinte años de lucha de las feministas lesbianas contra esta situación. Resulta casi tan frustrante como cuando, recién iniciada en el feminismo, los hombres solían aleccionarme sobre el carácter "natural" de la femineidad y de la masculinidad. Los hombres ya no hablan así, ahora lo hacen las postmodernas y los postmodernos. Estas alumnas asumen, a consecuencia de su consumo de lecturas teóricas postmodernas, la imposibilidad de eludir el género. Según Derrida, no se puede escapar a una oposición binaria, sólo se puede dar mayor peso a la parte más débil provocando presiones y tensiones. Quien pretende evitar el binario es tachada de esencialista. El Término "esencialista" ha adquirido un significado totalmente distinto y se emplea para denotar a quienes conservan cierta fe en la posibilidad de una acción social para conseguir un cambio social. Tiempo atrás tal vez supiéramos qué significaba el esencialismo. señalaba la convicción de que a varones y a mujeres les separaba una diferencia natural y biológica. las feministas radicales, eternas misioneras del construccionismo social, discrepaban de esta convicción, aunque ciertas teóricas feministas de otros credos hayan fingido lo contrario. La feminista postmoderna Chris Weedon insiste en sus escritos en la desconcertante afirmación de que las feministas radicales empeñadas en transformar la sexualidad masculina en interés de la liberación de las mujeres, son en realidad deterministas biológicas convencidas de la imposibilidad de todo cambio. lo que ahora se denomina "esencialismo" es la fe de las lesbianas en poder evitar el estereotipo de género, o en la posibilidad de practicar una sexualidad que no se organiza en torno al pene o a algún desequilibrio de poder. El postmodernismo llama a esta convicción esencialista por confiar en la existencia de una esencia incognoscible del lesbianismo. Todo lo conocido, o lo pensable, está infundido por el género y por el falocentrismo y el sistema sólo puede cambiar mediante el juego dentro de sus reglas. También se podría -tal vez incluso con más razón- invertir el juego, acusando de esencialismo a quienes aseguran que las lesbianas no pueden escapar del género o del falocentrismo. Sin embargo, quisiera evitar la invención y el lanzamiento de nuevas versiones esencialistas. Basta decir que la idea del carácter inevitable del género y del falogocentrismo me parece una visión brutalmente determinista y pesimista que consigue anular el proyecto feminista de los últimos veinte años. Concuerda con la tendencia general del postmodernismo a considerar la militancia política y la fe en la viabilidad de un cambio político como una actitud sospechosa, ridícula e incluso vulgar.
Fijémonos ahora en lo que Butler entiende como el potencial revolucionario del travestismo. La construcción social del género es un viejo principio fundamental del feminismo. No obstante, al igual que otros hallazgos feministas tradicionales y muy manidos, parece nuevo y fascinante a los ojos de las seguidoras del postmodernismo. Y, efectivamente, es posible que lo sea para toda una nueva generación de mujeres jóvenes que no han tenido acceso a la literatura feminista de los sesenta y de los setenta, puesto que ésta no aparece en las referencias bibliográficas de sus cursos. Buttler afirma que el potencial revolucionario del travestismo y de los juegos de roles consiste en la capacidad de estas prácticas para ilustrar la construcción social del género. descubren que el género no posee ninguna esencia ni forma ideal sino que es tan sólo un disfraz (drag) que usan tanto las mujeres heterosexuales femeninas como los hombres heterosexuales masculinos, tanto las lesbianas que juegan a roles como los travestis gays sobre los escenarios, o los clónicos.
El travestismo es una forma trivial de apropiarse, teatralizar, usar y practicar los géneros; toda división genérica supone una imitación y una aproximación. Si esto es cierto -y así parece-, no existe ningún género original o primario que el travestismo imite, sino que el género es una especia de imitación para la cual no existe original alguno...
El género, entendido como gestos, atuendo y apariencia, puede, efectivamente, considerarse como disfraz, travestismo o, en palabras de Butler, "representación" (performance). A su modo de ver, la "representación" demuestra la ausencia de un "sexo interno o esencia o centro psíquico de género". Esta supuesta estrategia revolucionaria, ¿cómo puede traducirse en un cambio? No queda demasiado claro.
¿Cómo, pues..., utilizar el género, en sí mismo una inevitable invención, para inventar el género en unos términos que denuncien toda pretensión de origen, de lo interno, lo verdadero y lo real como nada más que los efectos del disfraz, cuyo potencial subversivo debe ensayarse una y otra vez para así convertir el "sexo" del género en el lugar de un juego político pertinaz?
Al parecer, el público que asiste a la función de travestismo del género debe darse cuenta de que el género no es ni "real" ni "verdadero". pero, después de darse cuenta, ¿qué deben hacer? Al acabar la función de travestismo, ¿las mujeres y los hombres heterosexuales volverán a casa corriendo para deshacerse del género y anunciar a sus parejas que no hay tal cosa como la masculinidad y la femineidad? No parece demasiado probable. Si el género fuera realmente sólo una idea, si la supremacía masculina se perpetuara sólo porque en las cabezas de los hombres y de las mujeres no acababan de prenderse las lucecitas necesarias para poder descubrir el error del género, entonces la estrategia de Buttler podría tener éxito. Sin embargo, su concepción de la opresión de las mujeres es una concepción liberal e idealista. la supremacía masculina no sólo se perpetúa porque la gente no se percata de la construcción social del género o por una desgraciada equivocación que tenemos que corregir de alguna manera. Se perpetúa porque sirve a los intereses de los varones. No hay razón por la que los varones tengan que ceder todas las ventajas económicas, sexuales y emocionales que les brinda el sistema de supremacía masculina, sólo por descubrir que pueden llevar faldas. Por otra parte, la opresión de las mujeres no sólo consiste en tener que maquillarse. La imagen de un varón con falda o de una mujer con corbata no basta para liberar a una mujer de su relación heterosexual, mientras el abandono de su opresión le puede causar un sufrimiento social, económico y probablemente hasta físico, y en algunas ocasiones la pérdida de su vida.
Según las defensoras de los juegos de género, el potencial revolucionario reside no sólo en la asunción de un género en apariencia inadecuado, a saber, la femineidad por parte de un varón o la masculinidad por parte de una mujer. Parece ser que también la representación del género previsto puede ser revolucionaria. Hace tiempo que esta idea ha estado presente en la teoría gay masculina. Los gays que han descrito el fenómeno del hombre clónico vestido de cuero de los setenta no se pusieron de acuerdo sobre el potencial revolucionario de este fenómeno. Muchos teóricos gays mostraron su consternación, cosa bien comprensible. A su entender, el modelo viril de los gays traicionaba los principios de la liberación gay, que trataba de destruir los estereotipos de género, considerando las masculinidad un concepto opresivo para las mujeres. Otros autores han resaltado el carácter revolucionario del tipo masculino gay por su cuestionamiento del estereotipo gay afeminado. Por otra parte, se ha señalado que el potencial revolucionario del gay masculinizado puede permanecer invisible, puesto que el espectador desprevenido no lo reconoce como gay sino que lo tiene simplemente por masculino. ¿De que manera debe saberlo? El argumento del carácter políticamente progresista de la masculinidad, que esgrimen los varones gays, parece, por último, una simple manera de justificar algo que ciertos gays desean o que les atrae. la aprobación se inventó después del hecho, tal vez porque algunos gays se dieron cuenta del carácter retrógrado de la pose masculina que adoptaban para "camuflarse", sentirse poderosos o sexualmente atractivos y necesitaban justificarse.
El retorno al género, que se ha producido en la comunidad de los varones gays a partir de finales de los setenta en términos de un renovado entusiasmo por los espectáculos de travestismo y por un nuevo estilo viril, aparece en la comunidad lesbiana mucho más tarde. Sólo en os años 80 se comenzó a observar un retorno al género entre las lesbianas con la rehabilitación de los juegos de roles y la aparición de las lesbianas "de carmín". Las ideas de las obras de los Maestros postmodernos resultaron sumamente convenientes porque constituían una justificación intelectual y permitían anular y ridiculizar desde la academia cualquier objeción feminista. En Gender Trouble, Judith Butler demostró que el psicoanálisis de antaño, representado por un trabajo de Joan Riviere de 1929 sumado a unas declaraciones de Lacan sobre la femineidad como mascarada y parodia, pueden ser utilizados por las nuevas teóricas lesbianas y gays procedentes de los estudios culturales en defensa de la representación de la femineidad por las lesbianas como una estrategia política. En otro lugar esta representación es llamada "mimetismo", aunque esta palabra no se adecúa al análisis de Butler, dado que sugiere la existencia de un original que es mimetizado, y, de hecho, ella no la utiliza. Carol-Anne Tyler explica de la siguiente manera la idea del mimetismo, recurriendo a Luce Irigaray:
Según Irigaray, mimetizar significa "asumir el rol femenino a propósito...para rendir "visible" a través de un juego de repeticiones algo que debe permanecer invisible..." Representar lo femenino significa "decirlo" con ironía, entre comillas... como hipérbole... o como parodia... En el mimetismo y también en el campo, la ideología se "hace" con el fin de deshacerla y así aportar nuevos conocimientos: que el género y la orientación heterosexual que debe asegurarlo son antinaturales e incluso opresivos.
Sin embargo, Tyler critica esta idea. Apunta que si todo género es una máscara, resultará imposible distinguir la parodia de lo "real". Lo real no existe. De esta manera el potencial revolucionario se pierde.La idea del mimetismo está presente en el elogio que algunas críticas culturales hacen de Madonna. afirman que Madonna socava los conceptos de fijeza y de autenticidad del género, al asumir la femineidad cómo representación. El mimetismo requiere la exageración del rol femenino asumido. Al parecer, es así como han de saber las espectadoras inexpertas que están ante una estrategia revolucionaria. El exceso de maquillaje o de la altura de los tacones indicaría que el género es entendido como representación. Cherry Smyth, abanderada de la política queer, apunta en una reseña acerca de la obra de la fotógrafa lesbiana Della Grace que la indumentaria femenina tradicional puede tener un efecto revolucionario:
En verdad parte de la iconografía ha sido sustraída a las trabajadoras del sexo y la moda post-punk cual confiere una autonomía violenta a la elegancia femme, y convierte el hecho de llevar minifalda y de exhibir el body en un gesto conscientemente antiestético e intimidatorio, antes que vulnerable y sumiso.
La encarnación por excelencia de este estilo es, según Smyth, "la propia Madonna, probablemente uno de los ejemplos más famosos de la transgresión queer". Las teóricas feministas que no son ni queer ni postmodernas tienen grandes dificultades para apreciar la transgresión de Madonna contra otra cosa que no sea el feminismo, el antirracismo y la política progresista en general. La teórica feminista norteamericana negra bell hooks apunta que Madonna no pone en entredicho las reglas de la supremacía masculina blanca, sino que las acata y las explota. Según Hooks, las mujeres negras no pueden interpretar el teñido rubio del pelo de Madonna como "una simple elección estética", sino que para ellas ésta nace de la supremacía blanca y del racismo. la autora entiende que Madonna utiliza su "condición de personal marginal" en Truth or Dare: In Bed With Madonna (En la cama con Madonna) con el propósito de "colonizar y apropiarse de la experiencia negra para sus propios fines oportunistas, aunque trate de disfrazar de afirmación sus agresiones racistas". Apunta que, cuando Madonna utiliza el tema de la chica inocente que se atreve a ser mala, "se apoya en el mito sexual racista/sexista incesantemente reproducido, según el cual las mujeres negras no son inocentes ni llegan a serlo jamás". Hooks encabeza su artículo con una cita de Susan Bordo que señala que el "potencial desestabilizador" de un texto puede medirse sólo en relación con la "práctica social real". Si acatamos el "potencial desestabilizador" del mimetismo según esta perspectiva, descubrimos numerosos ejemplos a nuestro alrededor.- en los medios de transporte público, en las fiestas de la oficina, en los restaurantes- en los que las mujeres adoptan una femineidad exagerada. Es difícil distinguir entre la femineidad irreflexiva y corriente, y la sofisticada femineidad como mascarada. También aquí encontramos cierto esnobismo. Se juzga con distintos raseros a las mujeres que han optado por llevar una vestimenta muy parecida, según sean ignorantes y anticuadas o hayan cursado estudios culturales, hayan leído a Lacan y hayan tomado la consiguiente decisión deliberada y revolucionaria de ponerse un Body escotado de encajes.
¿Por qué tanta agitación sobre este tema? Resulta difícil creer que las teóricas lesbianas postmodernas entiendan realmente el mimetismo y los juegos de roles como una estrategia revolucionaria. Sin embargo, la teoría permite a las mujeres que quieran usar el fetichismo de género para sus propios fines, ya sean de índole erótica o simplemente tradicional, hacerlo con un petulante sentido de superioridad política. Parece divertido jugar con el género y con toda la parafernalia tradicional de dominio y sumisión, poder e impotencia, que el sistema de supremacía masculina ha engendrado. Mientras que el maquillaje y los tacones de aguja representaban dolor, gastos, vulnerabilidad y falta de autoestima para la generación de mujeres que se criaron en la década de los sesenta, la nueva generación de jóvenes nos informa que estas cosas son maravillosas porque ellas las eligen. Esta nueva generación se pregunta incrédula cómo podemos divertirnos sin depilarnos las cejas ni las piernas. Y, entretanto, la construcción del género permanece incontestada. Estamos ante el sencillo fenómeno de la participación de ciertas lesbianas en la tarea de refuerzo de la fachada de la femineidad. Hubo un tiempo en que las feministas lesbianas aparecían en público o en televisión vestidas de una manera que rehuía deliberadamente el modelo femenino, como una estrategia de concienciación. Creíamos que de esta forma mostrábamos a las mujeres una posible alternativa al modelo femenino. Actualmente todas las parodistas, mimetistas y artistas de performance nos dicen que el sistema de supremacía masculina sufrirá una mayor desestabilización gracias a que una lesbiana se vista del modo que cabría esperar de una mujer heterosexual extremadamente femenina. Resulta difícil saber por qué. Las más desestabilizadas son, con toda probabilidad, las feministas y las lesbianas, que se sienten totalmente desarmadas e incluso humilladas por una lesbiana que demuestra y proclama que también ella quiere ser femenina.
Aparte del retorno al género, hay otro aspecto del enfoque postmoderno de los estudios lesbianos y gay que no parece constituir una estrategia revolucionaria claramente útil. Se trata de la incertidumbre radical (radical uncertainty) respecto de las identidades lesbiana y gay. Tanto los teóricos como las teóricas adoptan una postura de incertidumbre radical.
Para los incipientes movimientos lesbiano y gay de los setenta, nombrar y crear una identidad eran cometidos políticos fundamentales. Nombrar tenía una especial importancia para las feministas lesbianas conscientes de cómo las mujeres desaparecían normalmente de la historia de la academia y de los archivos, al perder su nombre cuando se casaban. Éramos conscientes de la importancia de hacernos visibles y de luchar por permanecer visibles. La adopción y la promoción de la palabra "lesbiana" eran fundamentales, ya que establecían una identidad lesbiana independiente de los varones gays. A continuación, las feministas lesbianas del mundo occidental intentaban llenar de significado esta identidad. Estábamos construyéndonos una identidad política consciente. Las feministas lesbianas han defendido siempre un enfoque construccionista social radical para el lesbianismo. Mediante poemas, trabajos teóricos, conferencias, colectivos propios, así como el trabajo político de cada día, íbamos construyendo una identidad lesbiana, que aspiraba a vencer los estereotipos perjudiciales y predominantes y que debía formar la base de nuestro trabajo político. Se trataba de una identidad históricamente específica. la identidad lesbiana que construyen las actuales libertarias sexuales y las teóricas de la nación queer es radicalmente distinta. La identidad elegida y construida debe corresponderse con las estrategias políticas que se quieran emprender.
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2018.08.27 19:09 CharoMariposa "Acoso y derribo" a una guardia civil en Lanzarote

27/08/2018 16:36 LAURA L. RUIZ
https://www.publico.es/sociedad/guardia-civil-acoso-derribo-guardia-civil-lanzarote.html
Desde la sanción por “insubordinación” a la agente que se quejó de la falta de chalecos antibalas femeninos en Cantabria, hasta la represalia por negarse a reducir la vigilancia sobre una mujer maltratada en Chipiona, pasando por los ocho años que se tardó en equipar de manera adecuada a una agente de montaña en Huesca. Denuncias de acoso y desigualdad que salpican comandancias de la Guardia Civil por toda España, que coinciden con el 30º aniversario de la incorporación de la mujer al cuerpo y que demuestran que es un problema integral y no casos aislados.
Otro de esos casos es el de la sargento jefe del Seprona Gloria Moreno en Lanzarote. En solo nueve meses le han abierto cinco expedientes disciplinarios, ha cumplido más de tres meses de cese cautelar y ahora se enfrenta a la petición de cuatro años de cárcel. “Es un caso de acoso y derribo hacia una persona, que no solo ha demostrado su valía profesional, sino como persona íntegra y con unos valores intachables”, explica a Público Nerea Undabarrena, vocal de Igualdad de la asociación profesional Independientes de la Guardia Civil (IGC). “Quedará demostrada en su momento la inocencia absoluta de mi defendida, como ya ha ocurrido en otras ocasiones anteriores”, responde María Jesús Díaz Veiga, abogada de la agente y ahora responsable de su defensa ante la Fiscalía.
La fiscal de Arrecife pide no solo los cuatro años de cárcel sino también la inhabilitación especial para Gloria Moreno, acusándola de “falsedad documental” por unos hechos ocurridos en 2015. Pocos meses después de que la agente del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) natural de Segovia fuera destinada a Lanzarote en 2014, ella lideró una de las operaciones más importantes contra el furtivismo en las islas. Se realiza una intervención junto al Servicio Marítimo de Fuerteventura que acabaría con 19 hombres denunciados -once de ellos a la espera de juicio todavía- por cazar y asar pardelas en el islote de Alegranza. Las repercusiones fueron grandes puesto que la pardela es un ave con una alta protección en las islas y porque los detenidos son personas poderosas: empresarios, constructores y hasta un policía nacional.
“Permisividad oficial” en las islas Pese a las denuncias, era la primera vez que se lograba denunciar a tantas personas relacionadas con el furtivismo de esta especie. Si en 1996 los agentes que vigilaban el parque renuncian a la tarea por la “permisividad oficial” a la caza ilegal, tres años antes era el propio titular del departamento de Agricultura del Cabildo de Lanzarote quien era pillado infraganti con pollos de pardelas. Por eso, cuando a Gloria Moreno le advierten que los furtivos podrían tener alguien dentro de la Guardia Civil que pudiera estar dando el chivatazo de las operaciones policiales, la agente no duda en informar por escrito a sus superiores. Este acto es justo el que la fiscal considera “falsedad documental” al asegurar que Gloria Moreno eleva este documento “a sabiendas de que sus manifestaciones no se correspondían con la realidad (...) conteniendo en el mismo unas afirmaciones mendaces, y en las que le atribuía la comisión de unas irregularidades en el ejercicio de sus funciones al Guardia Civil Miguel Ángel Padial Ortiz destinado en el mismo destacamento del Seprona de Lanzarote, y por lo tanto subordinado de la acusada".
La Guardia Civil Gloria Moreno. SERGIO CALLEJA La Guardia Civil Gloria Moreno. SERGIO CALLEJA Este es solo uno de los frentes que tiene abiertos la sargento del Seprona. Su caso se remonta a justo hace un año, agosto de 2017, cuando recibe el primer expediente sancionador. Es leve y responde a la queja del Director Centro de la isla de La Graciosa porque la agente Moreno pregunta sobre el destino de los gatos capturados en el Parque Natural. El segundo, un mes después y también leve, “por no haber evitado que una ciudadana interpusiera una queja”, en palabras de su abogada. El tercero y considerado falta grave, viene al tramitar las denuncias que se encuentra de protectoras de animales al volver de su baja por maternidad. En enero, vuelve a abrir un expediente grave por pedir las copias de los testimonios de unos expedientes. El quinto y considerado como falta muy grave se produce en abril. Es fruto de la denuncia del veterinario de la perrera municipal de Arrecife, Javier López, que denuncia el acoso que está sufriendo por parte de la agente cuando esta investiga las denuncias que existen de irregularidades en el recinto. Entre las irregularidades que se denuncian están el sacrificio injustificado de animales, sin esperar los días descritos por la ley o la entrega de cientos de cachorros sin vacunar ni con chip.
El caso de Gloria Moreno recuerda a otros casos donde el hecho de denunciar irregularidades trae más problemas que logra soluciones en la Guardia Civil “El coronel Ricardo Arranz cree a pies juntillas al trabajador municipal sin practicar ningún tipo de diligencia”, explica Díaz Veiga. Además, Arranz envía una carta de disculpas al veterinario por el comportamiento de la agente. “Nunca he visto que un coronel se disculpe por un ciudadano, nunca”, comenta Fernando García García, portavoz de la Junta Directiva, que reseña que, en su opinión, Gloria Moreno “ha cumplido con su deber” y que entiende que a ningún ciudadano le gusta que le investiguen aunque “si tienes la conciencia tranquila no te quejas”. Javier López, además de quejarse ante los mandos superiores de la Guardia Civil pone una denuncia en el juzgado, que ahora pide su archivo al conocerse que en la fecha en la que se produjo la supuesta filtración documental Moreno estaba de baja por maternidad.
En su lugar, en esas fechas, estaba al mando el agente Pardial, quien además de estar como testigo de la fiscalía en el caso por el chivatazo a los cazadores furtivos, ha presentado una queja contra Moreno que aún está por tramitar. “Padial fue también el jefe del Seprona de Lanzarote durante los meses en que la sargento Moreno estuvo de baja por maternidad, período durante el cual no se tramitaron las denuncias presentadas por los ciudadanos, teniendo que hacerse cargo de ellas la sargento Moreno a su vuelta tras el parto”.
¿Casos aislados o un problema general? El caso de Gloria Moreno recuerda a otros casos donde el hecho de denunciar irregularidades trae más problemas que logra soluciones en la Guardia Civil. Más aún en cuerpos como el Seprona, destinos en el extranjero o el Greim (Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña) donde la presencia de mujeres es muy reducida aún.
Es el caso de otra agente de Medioambiente, esta vez en Sevilla. María Serrano tiene pruebas de que un subordinado redacta él mismo los recursos de descargo de los denunciados o los chivatazos. Cuando lo eleva a su superior, el coronel reprende a Serrano y abronca de tal manera a la agente que acaba llorando. "Cuando fueron al juicio, el capitán psicólogo, que escuchó las voces, dijo que no se acordaba de nada. Archivaron la denuncia y dijeron que había sido una riña paternalista", explica Alicia Sánchez, secretaria nacional de la Mujer de la AUGC, que denuncia una “doble vara de medir” en muchos casos. “Si yo hago eso, con todos mis años de servicio, con un agente recién salido de la academia estaría en la cárcel”, considera Sánchez.
En la Guardia Civil el número de mujeres representa el 6% en toda España. / EFE En la Guardia Civil el número de mujeres representa el 6% en toda España. / EFE Una situación que puede estar detrás de que casi el 80% de las denuncias por acoso laboral y sexual que se presentan en la Guardia Civil acaben archivados. También, apuntan desde la AUGC, está detrás del bajo porcentaje de presencia femenina en el Cuerpo. “Un 7,2 de agentes mujeres, cuando en las pruebas de acceso la presencia femenina llega al 20%”, detalla Alicia Sánchez que lo compara con la Policía o el Ejército (entorno al 12% en ambos casos) y resalta que quieren acabar con la idea de que las agentes están haciendo labores administrativas ya que “más del 50% de los agentes destinados a seguridad ciudadana son mujeres”.
La igualdad de trato, el techo de cristal para ascender o la conciliación laboral están en la lista de prioridades que reclaman las agentes. Una situación que se plasma en el elevado asentismo laboral y en las jubilaciones de las agentes, con un porcentaje mucho más alto que los hombres. “Se ha llegado a crear grupos de whatsapp hechos por sargentos o cabos para preguntar al resto de compañeros qué les parece si esa compañera coge la reducción de jornada”, comenta la portavoz de AUGC, además de señalar que la primera agente que logró tener una sala de lactancia en la Comandancia se retiró prematuralmente. “Solo ella y su familia saben por lo que tuvo que pasar”.
El protocolo de acoso de la Guardia Civil no es garantista y carece de plazos Este es el contexto con el que se abrirá la próxima cita del Comité para la igualdad efectiva de mujeres y hombres en la Guardia Civil, un organismo creado en 2014 y que se reúne anualmente. Una oportunidad, según las asociaciones, para mejorar las cosas con el nuevo director designado por el Gobierno de Pedro Sánchez, el magistrado Féliz Azón. “Ha entrado con buen pie”, comenta Fernando García García de IGC. “Nos reunimos con el anterior -en referencia a José Manuel Holgado Merino- hace unos pocos meses y porque suplicamos. El nuevo ya ha llamado a nuestra puerta”. Por su parte, desde AUGC esperan que Azón “no se duerma” y cambie cosas antes de acabar la legislatura. “Hay cosas que puede hacer el director y otras que hay que pedirlas a los partidos políticos para legislar -amplia Alicia Sánchez-. El protocolo de acoso, por ejemplo, queremos cambiarlo. Queremos el de la Administración General del Estado porque el que tiene ahora mismo la Guardia Civil no es garantista y carece de plazos. Esto hace que la víctima pueda estar dos o tres años sin resolver y tu acosador o acosadora seguir ahí”.
Por el momento, Azón en estos meses en el cargo ya ha impuesto la sanción de un mes de suspensión de empleo y sueldo por falta disciplinaria grave a la cabo 1º María del Pilar Villacorta y tiene en su mano ratificar o anular el quinto expediente contra la sargento jefe Gloria Moreno del cual depende que no sea apartada del Seprona ni perder su destino en Lanzarote.
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2017.06.27 07:31 albedrio Cuando David* se fue a vivir con su novio, no sabía todavía que estaba “metiendo al monstruo en casa”. Los celos enfermizos y los pellizcos por mirar a otros chicos no le pusieron en alerta. Tampoco había conocido maltrato en su entorno.

MARÍA ZUIL TAGSHOMOSEXUALIDADVIOLENCIA DE GÉNEROAGRESIÓN MALTRATOACTIVISMO LGTB TIEMPO DE LECTURA11 min 27.06.2017 – 05:00 H. - ACTUALIZADO: 2 H. Cuando David* se fue a vivir con su novio, no sabía todavía que estaba “metiendo al monstruo en casa”. Los celos enfermizos y los pellizcos por mirar a otros chicos no le pusieron en alerta. Tampoco había conocido maltrato en su entorno, ni había oído hablar de este problema dentro del colectivo gay. Todas las señales fallaron. La primera agresión, como todas las que vendrían después, fue por un motivo absurdo. Su novio quería coger el coche para comprar unas pizzas cerca de casa. “Le dije que fuéramos paseando porque estaba bien aparcado y cuesta mucho en nuestra zona, pero se puso hecho una fiera y cogió un cuchillo. Me tiré al suelo y me rasgó el pantalón para sacar las llaves”, recuerda hoy, casi diez años después de comenzar la relación de la que aún se está recuperando. El 27% de hombres y 34% de mujeres LGBTI reconocen haber sufrido maltrato en algún momento Llevar un amigo a casa, subir las ventanillas del coche o cerrar las ventanas en su habitación de hotel durante las vacaciones fueron algunos de los motivos por los que sufrió agresiones de quien después se convirtió en su marido, además de amenazas, chantajes emocionales y maltrato psicológico. Incluso después de romper la relación y de que su pareja se negase a irse de su casa, siguió soportando ataques violentos durante año y medio, que se saldaron por la vía judicial con una orden de alejamiento y 50 euros de multa. Como Davir, el 27% de los homosexuales varones reconocen haber sufrido violencia física, psicológica o sexual en algún momento dentro de una relación del mismo sexo. La cifra se eleva al 34% en el caso de las mujeres lesbianas. Unos números tan alarmantes como invisibles, que superan proporcionalmente a los de la violencia machista, que afecta a un 12,5% de las mujeres en España. Ambas son realidades distintas, pero con muchos puntos comunes, como señala Isabel González, autora del estudio que recoge estos datos y arroja por primera vez algo de luz sobre este problema social en España, basándose en entrevistas a 900 personas. “Hay mucho desconocimiento y silencio, estamos como la violencia de género hace treinta años”, apunta la psicóloga, que todas las semanas recibe casos de maltrato intragénero en Cogam, el colectivo LGTBI de Madrid. A nivel internacional, los pocos estudios que analizan la violencia entre homosexuales coinciden en sus estimaciones o incluso las superan, como éste que eleva al 47,5% el número de mujeres homosexuales maltratadas y al 30% en el caso de los hombres. La encuesta nacional británica sobre la violencia también recogía en 2009 una diferencia de un 13% de maltrato en parejas gais frente al 5% de heterosexuales. Tras las cifras, pocas explicaciones y muchos prejuicios. La desigualdad no entiende de orientación Para que exista maltrato debe existir primero una percepción de desigualdad. En el caso de la violencia de género, surge de una visión machista que provoca una sensación de superioridad por parte del agresor por una mera cuestión de sexo. En las parejas homosexuales, esta diferencia desaparece pero eso no convierte a ambos en iguales. La dependencia emocional, económica o la falta de autoestima, marcan a menudo la pauta del maltrato. “Que tengan el mismo sexo no quiere decir que tengan el mismo poder”, explica Lidia Mendieta, psicóloga del Servicio de Atención a la Violencia Intragénero. Además, según los expertos, también los roles del mal entendido amor romántico, como la posesión o los celos, rigen este tipo de relaciones igual que lo hacen en las heterosexuales. Sentía que tenía que cuidarla y acabé siendo yo la dependiente Por eso, los primeros indicios de la violencia en parejas LGTB no se diferencian demasiado de la machista. “El comienzo es similar en ambos tipos, van escalando, aunque en las relaciones homosexuales va mucho más deprisa, sobre todo en las mujeres, porque son más intensas y pasionales en todos los sentidos”, comenta Isabel González, que apunta a este motivo como razón de que las mujeres sean las que más agresiones psicológicas sufren de parte de sus parejas y se equiparan en las físicas con los hombres. Lucía* vivió de las dos por parte de su pareja, nada más empezar a salir juntas. Lo que en un principio interpretó como un carácter difícil, se fue tornando en desprecio y castigos emocionales. “A veces íbamos a ver a su familia, que vive fuera de Madrid, y no me hablaba en todo el fin de semana porque algo que no tenía nada que ver conmigo le había molestado”, recuerda. Los problemas psicológicos que tenía su pareja fueron generando una dependencia emocional de la que Lucía no fue capaz de salir y que pronto cambió la dinámica de la pareja: “Sentía que tenía que cuidarla y acabé siendo yo la dependiente”. Lucía recuerda con vergüenza muchos de los episodios que vivió hace ya cuatro años y en los que apenas se reconoce. “A los tres meses me dijo que no sentíamos lo mismo y que como yo estaba muy pillada no podía salir con nadie más, pero que ella sí”, rememora. “Un día me dijo que había conocido a otra chica por Internet y que iban a quedar, pero es que encima me hizo ir a la cita. Se lió con esa chica en mis narices y al volver a casa intentó tener sexo conmigo. Me negué, pero insistió e insistió, hasta el punto que me sentí abusada”. El 90% de los encuestados en el estudio de González reconocieron haber vivido la violencia en una relación estable y un 84% han intentado romper la relación. En el caso de Lucía no hizo falta: “A los 15 días de la última agresión llegué a casa y se había ido. Se llevó sus cosas, y algunas mías, y nunca más la volví a ver. Y aun así yo me sentía culpable”. Desprotección legal De lo que no se habla no existe y en la invisibilidad del problema se encuentra otro de los grandes escollos de la violencia intragénero: a las víctimas les cuesta reconocerse como tales. Y aunque lo hagan, tampoco existen canales donde pedir ayuda, y mucho menos, un respaldo legal. El abuso entre personas del mismo sexo no está incluido en la Ley de Violencia de Género de 2014 y no existe ninguna normativa estatal específica para este problema. En la Comunidad de Madrid se aprobó una ley hace unos meses que la contemplaba​ pero sin ninguna aplicación práctica todavía, según denuncian miembros del colectivo LGTB. Por ese motivo, -y por los prejuicios-, las víctimas se encuentran desamparadas cuando acuden a la Policía a denunciar, y se enfrentan a situaciones ilógicas, como que los dos sean detenidos en el mismo calabozo. “En la Policía no estamos preparados en este sentido, con la violencia de género sí existe un protocolo, pero aquí depende de la concienciación y sensibilidad del agente que te toque en la comisaría”, reconoce la policía Begoña Gallego, responsable de este tema en la asociación LGTBIpol formado por agentes homosexuales de las fuerzas del Estado. “Podemos acogernos a algunos artículos ambiguos y considerarlo, por ejemplo, delito de odio o violencia intrafamiliar, pero incluso así es complicado”. Conté mi caso [al 016] y cuando mencioné 'ella' automáticamente me dijeron que ahí no me podían atender Además, reconocen que es más difícil estimar quién es el agresor si ambos se acusan, y a menudo la sociedad también cuestiona por qué la víctima permitió el ataque. “Mucha gente, incluso gay, me pregunta por qué no me defendía, como cuando antiguamente se decía a la víctima de una violación si se había defendido lo suficiente”, señala David, que después de divorciarse debe pasar una pensión mensual al que fuera su agresor porque ganaba más que él. “Cuando alguien te trata así eres como un objeto, pero yo no le veía así, yo le quería y cuando quieres a alguien no puedes hacerle daño”, añade. No existe ningún registro de la cantidad de personas que mueren asesinadas por su pareja del mismo sexo. Sólo se conocen cuando alguna se cuela entre los titulares, como el apuñalamiento hace apenas dos meses de una mujer de 57 años a manos de su novia de 53 en Badalona. Tampoco hay lugares de acogida si romper con el agresor implica quedarse sin casa. En el caso de las mujeres a veces encuentran un sitio en los hogares para mujeres maltratadas, pero los hombres a veces son dirigidos a albergues para personas sin hogar, en el mejor de los casos. Ni si quiera el número de atención a la víctima 016 les atiende. Cuando Marta* decidió acudir a este teléfono pidiendo ayuda por el maltrato psicológico al que la sometía su novia, le colgaron el teléfono. “Conté mi caso y cuando mencioné 'ella' automáticamente me dijeron que ahí no me podían atender. Volví a llamar evitando hace referencia al sexo y ya me orientaron”, explica. Durante meses Marta lidió con la inestabilidad de una pareja abusiva y con la confusión de que por primera vez a sus 33 años le gustase otra mujer. Este cambio en su orientación sexual era la excusa perfecta que su pareja la atacase y controlase: “No le gustaba que saliese con mis amigos y me fui aislando”. Según los expertos, los bisexuales son precisamente los que más violencia sufren. “Cuando un miembro de la pareja es bisexual y el otro no, el segundo tiene miedo a que le dejen por alguien del otro sexo, y hay más rechazo por la homofobia interiorizada”, explica la psicóloga Isabel González.
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